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Evolución de las plantas: Revisan mil millones de años


Calliarthron cheilosporioides, un alga roja con lignina

Las plantas se yerguen, en tierra firme, gracias (entre otras sustancias) a la lignina. Las algas no la necesitan, ni la tienen (se pensaba), porque se apoyan en el agua misma para sostenerse. La lignina es un componente principal de la madera, es como un pegamento que ayuda a fortificar las paredes celulares, y es esencial para el transporte del agua en muchas plantas terrestres.

Por lo tanto, el aparecimiento de la lignina debería ser uno de los factores cruciales para la colonización de la tierra firme por las plantas. Pero ahora se ha encontrado un alga marina con lignina: la Calliarthron cheilosporioides, un alga roja, posee esta sustancia en sus paredes celulares.

Todas las plantas terrestres evolucionaron de las algas verdes, y los científicos siempre habían creído que la lignina había evolucionado cuando las plantas comenzaron a colonizar tierra firme, como un mecanismo de adaptación para estabilizar el crecimiento vertical y para asegurar el transporte de agua desde las raíces.

Como probablemente las algas verdes y rojas divergieron hace más de mil millones de años, el descubrimiento de lignina en un alga roja sugiere que la maquinaria básica para producir lignina pudo haber existido mucho antes de que las algas colonizaran la tierra, por lo que investigan ahora que otras funciones podrá desarrollar esta sustancia en las algas.

La hipótesis de que se hubiera desarrollado la lignina por separado en diferentes momentos en las algas verdes y en las rojas ha sido descartada por los investigadores, debido a la complejidad de las rutas metabólicas, los genes y los enzimas implicados en la elaboración de esta sustancia.

Este estudio ha sido llevado a cabo por especialistas de la Universidad de la Columbia Británica, en Canadá, y de la Universidad de Stanford, EE.UU., entre otros, siendo su autor principal Patrick Martone, y ha sido publicado en la revista Current Biology.

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La Selva Amazónica puede no fijar suficiente CO2

Existe el riesgo de que las sequías provoquen una emisión de CO2 superior a su fijación

RAINFOR, un grupo de investigadores de 13 países, que estaba monitorizando la salud a la selva amazónica en períodos de tiempo amplios, ha llegado a un descubrimiento sorprendente:
La severa sequía del 2005 en esta zona (la peor en 40 años) no sólo ha hecho disminuir la absorción de dióxido de carbono de la atmósfera, sino que incluso determinadas zonas más afectadas han llegado a ser emisoras netas de CO2, o sea, emiten más en la respiración que lo que fijan en la fotosíntesis.

Así pues, ni siquiera las selvas amazónicas pueden ser consideradas como la salvación segura contra los gases de efecto invernadero, conclusión a la que han llegado estos investigadores y que apareció publicada ayer en la revista Science.


Se había medido que los bosques tropicales del planeta, en su conjunto, cuando están creciendo, pueden llegar a absorber hasta 1,8 toneladas de CO2 por año. El problema descubierto ahora es que, si las plantas no están sanas y creciendo convenientemente, disminuye su captura de CO2 por fotosíntesis mientras que se mantiene el CO2 emitido en la respiración, y aún aumenta por los microorganismos encargados de la descomposición de los árboles y plantas muertos, con lo que disminuye la tasa de fijación, e incluso en casos extremos puede invertirse, convirtiéndose las zonas más degradadas en emisores netos de CO2.

Este equipo, RAINFOR, lleva ya 25 años haciendo estudios y mediciones en 44 zonas diferentes en la región de la Amazonia, y mismo así Encontramos la amazonia sorprendentemente sensible a la sequía, y el evento del 2005 fue lo suficientemente fuerte como para que el bosque pasase de ser una fuente de absorción de CO2 a largo plazo a ser un emisor temporal de CO2, como indica Oliver Phillips, ecologista de la Universidad de Leeds y autor principal del estudio.

Como la previsión climática para este siglo es de mayores sequías en estas zonas del planeta, la pérdida de bosques tropicales debe ser encarada como una nueva razón para el rápido aumento de los niveles de CO2.

De todos modos, Ronald Neilson, bioclimatólogo del Servicio de Bosques del Departamento de Agricultura en Corvallis, Oregón, dice que si bien El estudio demuestra que la sequía puede tener un impacto muy significativo en el saldo de carbono del planeta, por otro lado en las épocas de sequía existe una clara disminución de días nublados, lo que conlleva un aumento de luz solar que puede fomentar el crecimiento de las plantas incluso en climas más secos.

Así pues, tenemos un motivo más para intentar evitar el aumento de emisiones por el hombre, pero aún no perdemos las esperanzas.